La pirámide brilla como el charol
reflejando su forma de escalera
y lo mismo que en el juego de ajedrez
el rey nada tiene que ver con el peón:
solo la posición en el tablero
determina el valor del resultado.
No es igual
vivir en urbanización de lujo
que en casa de extrarradio,
comer sobre mantel de tela y con servicio
que en hule de plástico un solo plato y gracias,
abrir las ventanas por exceso de calor
que tapar con cartón el frío del invierno
cuando la bombona de butano se ha acabado.
tienen la riqueza de su espíritu
hasta que acaba devastado
por la desolación del hambre
cuando ya no encuentran un trozo
de esperanza que llevarse a la boca.





